Proscribir y desproscribir
Por Roberto Caballero / La antipolítica hegemónica en nuestro país hace que Cristina pueda ser proscripta a la mañana y desproscripta durante la noche. Según la conveniencia de sus enemigos, ella es una figura inhábil, marginada del juego político, impedida de ejercer cargos y ser candidata. Peor que un cero a la izquierda en la matemática de las grandes decisiones del país. En otras ocasiones, sin embargo, desde su maléfico búnker en San José 1111, mientras revuelve el caldero humeante de una pócima pestilente, se le atribuye limar candidatos apresurados, desestabilizar el riesgo país, acomplejar dirigentes y digitar la selección de jueces y fiscales a su antojo.